Buenos días a todos. Hoy es una jornada especial; vamos a realizar nuestra primera excursión del curso. Y como destino, hemos elegido el Museo de Ciencias Naturalessss. Qué mejor sitio para ver dinosaurios en Madrid.
Comenzamos desde la estación de Santa Eugenia. Hemos decidido ir todos juntos en tren, para que nuestros peques vivan otra experiencia juntos. Y la verdad, que les ha hecho mucha ilusión hacer el viaje con sus amiguitos.
Después de cruzar Atocha y Recoletos, llega nuestra parada, Nuevos Ministerio. La expedición pone pie en tierra, y con un agradable paseo Castellana abajo, llegamos al museo. Los niñ@s están muy entretenidos correteando por todos sitios y jugando mientras nos toca el turno en taquilla para sacar las entradas. Tienen muchas ganas de ver lo que se esconde detrás de esas paredes. Una vez dentro, es cuando los más pequeños del grupo se ponen a flipar! Hay animales por todos sitios! Nidos, madrigueras, cuevas, lobos, zorros, osos, águilas...Nos van tirando de la mano y nos llevan de un lado a otro, pero a algunos, les da respecto o incluso miedo, esas reproducciones y esos animales disecados. Sobre todo, cuando llegamos a la zona de Océanos y nos encontramos con un tiburón enorme, que yacía en el suelo herido. El pobre animal agonizaba pero, de vez en cuando, daba coletazos y se movía. Los niños al verlo moverse, no querían acercarse más y se iban para otro sitio. Además, de el enorme crustáceo con patas enormes que presidía el final de la sala. No querían pasar a su lado.
La segunda parte de la visita, la dedicamos a los dinosaurios y a la evolución humana durante la Prehistoria. Alguno de nosotros está muy enterado de este último tema y nos da unas nociones muy interesantes. Los enanos están deseando ver grandes dinos de verdad, y aquí se encuentran con los esqueletos de un Diplodocus, un Estegosaurio, un Espinosaurio, un Oso cavernario, un Tigre dientes de sable, cráneos de Tiranosaurio Rex y de Triceratos, entre otras muchas reproducciones. Paseamos entre todos ellos, mientras que nos peques no dejan de preguntarnos cosas. También podemos destacar, que el museo cuenta con un pequeño número de piezas óseas encontradas en España.
Comenzamos desde la estación de Santa Eugenia. Hemos decidido ir todos juntos en tren, para que nuestros peques vivan otra experiencia juntos. Y la verdad, que les ha hecho mucha ilusión hacer el viaje con sus amiguitos.
Después de cruzar Atocha y Recoletos, llega nuestra parada, Nuevos Ministerio. La expedición pone pie en tierra, y con un agradable paseo Castellana abajo, llegamos al museo. Los niñ@s están muy entretenidos correteando por todos sitios y jugando mientras nos toca el turno en taquilla para sacar las entradas. Tienen muchas ganas de ver lo que se esconde detrás de esas paredes. Una vez dentro, es cuando los más pequeños del grupo se ponen a flipar! Hay animales por todos sitios! Nidos, madrigueras, cuevas, lobos, zorros, osos, águilas...Nos van tirando de la mano y nos llevan de un lado a otro, pero a algunos, les da respecto o incluso miedo, esas reproducciones y esos animales disecados. Sobre todo, cuando llegamos a la zona de Océanos y nos encontramos con un tiburón enorme, que yacía en el suelo herido. El pobre animal agonizaba pero, de vez en cuando, daba coletazos y se movía. Los niños al verlo moverse, no querían acercarse más y se iban para otro sitio. Además, de el enorme crustáceo con patas enormes que presidía el final de la sala. No querían pasar a su lado.
La segunda parte de la visita, la dedicamos a los dinosaurios y a la evolución humana durante la Prehistoria. Alguno de nosotros está muy enterado de este último tema y nos da unas nociones muy interesantes. Los enanos están deseando ver grandes dinos de verdad, y aquí se encuentran con los esqueletos de un Diplodocus, un Estegosaurio, un Espinosaurio, un Oso cavernario, un Tigre dientes de sable, cráneos de Tiranosaurio Rex y de Triceratos, entre otras muchas reproducciones. Paseamos entre todos ellos, mientras que nos peques no dejan de preguntarnos cosas. También podemos destacar, que el museo cuenta con un pequeño número de piezas óseas encontradas en España.

Con tanta actividad se nos ha pasado la mañana volando, y por fin, llega la hora de comer. Tenemos mucha suerte, porque encontramos una bonita zona verde a la salida del museo donde decidimos plantar el campamento; una gran y cómoda elección para toda la tropa. Es la hora de la comida y nuestros intrépidos hijos están dispuestos a devorar. Y que mejor, que unos sabrosísimos garbanzos con verdura y chorizo, que ha preparado con mucha previsión y cariño Diana. Mientras, un grupo de voluntario se dirige a por la comida para los adultos, hamburguesas y patatas fritas, qué mejor para reponer fuerzas!
Con el estómago lleno y las pilas cargadas, ahora toca jugar. Cogen castañas, piedras, juegan a las espadas con palos, recogen hojas y corretean por la ladera de ese parque, e incluso, bajan a un pequeño estanque. Es allí donde nos llevamos un pequeño susto, cuando uno de los más pequeños de grupo, introduce la cabeza en la reja que separa el estanque. Unos pocos segundos de tensión que conseguimos solventar sin más incidencias.
Llegada la hora del cafelito, decimos irnos a territorio conocido, Rivas. Un exquisito bizcocho casero en una cafetería al lado de una zona infantil de juegos. Siempre hay que buscar algún parque cercano para que nuestras pequeñas fierecillas puedan retozar y descargar energía. Alguno de ellos, comienza a acusar el cansancio y se echa a dormir, mientras los demás lo dan todo en la arena.
De esta manera, ponemos fin a nuestra primera y exitosa excursión trestequera. Una jornada muy completa, lúdica e inolvidable en familia y con la mejor compañía posible. Nos vemos mañana que es lunes otra vez.

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